La tragedia de Santa María Canchesdá, en Temascalcingo, donde 11 personas murieron tras la explosión de pirotecnia, obliga a las autoridades a revisar la forma en que muchas comunidades enfrentan el manejo de los juegos pirotécnicos. A un día de los festejos patrios, cuando el uso es mayor en el Estado de México, surgen cuestionamientos como ¿quién controla y vigila los espacios dónde se almacena la pólvora, quién autoriza su manejo y qué autoridad verifica las condiciones en que llega hasta los lugares donde se realizan las celebraciones?
La responsabilidad de los gobiernos municipales es la más directa. Presidentas y presidentes municipales no pueden limitarse a la autorización de los festejos y dejar todo en manos de organizadores, mayordomías o sus áreas de Protección Civil. Adrián Hernández Romero, coordinador general de Protección Civil estatal, tendrá, por lo pronto, dos días de intensa actividad, pero es evidente que el gobierno estatal no puede atender todo sin la participación de los 125 gobiernos municipales. También se debe considerar cuántos cuentan con personal realmente capacitado, equipo suficiente ni actualizado y protocolos que efectivos frente a una emergencia.
El riesgo en las fiestas patronales
Pero el tema y el riesgo va más allá de las actividades del 15 y 16 de septiembre. Durante todo el año, por las fiestas patronales se concentra pirotecnia en pueblos y comunidades mexiquenses. Cohetes, castillos y toritos no faltan en las celebraciones que están muy arraigadas. El material llega de manera muy anticipada y se almacena en iglesias, bodegas aledañas o inmuebles cercanos a espacios de altas concentraciones de personas. Ese punto merece gran atención porque una cosa es la tradición y otra permitir que material explosivo permanezca en lugares inadecuados.
En las celebraciones participan parroquias, mayordomías, comités, fabricantes y organizadores, además de autoridades de los tres órdenes de gobierno. Cada uno sabe qué parte le toca realizar. Lo que no puede pasar de ninguna manera es que se mantenga la burocracia y se lancen la bolita a la hora de sobre quién tenía que revisar qué.
Almoloya de Juárez tendrá en octubre una prueba importante porque está previsto el quinto Festival de la Pirotecnia “Fuego Art”, en San Mateo Tlalchichilpan, una comunidad productora y donde decenas de familias prácticamente viven de esto. El alcalde Adolfo Solís Gómez deberá explicar cuáles son las condiciones de seguridad en este encuentro que concentra a miles de personas. Cientos de familias viven de la producción de fuegos artificiales y nadie plantearía acabar con su fuente de ingresos, pero sí garantizar la seguridad; profesionalizar y ordenar la actividad resulta importante.
Tradición sí, pero no improvisación
La Conferencia del Episcopado Mexicano lamentó las 11 muertes de Santa María Canchesdá y expresó su solidaridad con las familias y las personas heridas. El obispo Adolfo Miguel Castaño sostuvo que la vida de las personas está por encima de las tradiciones. Sus palabras ponen de alguna manera en claro la responsabilidad del lado de las autoridades religiosas. Si en las fiestas patronales se utiliza la pirotecnia y ésta llega a resguardarse en inmuebles de iglesias o espacios de celebraciones religiosas, las diócesis y parroquias deben encontrar la forma de garantizar la seguridad de la población.
En Santa María Canchesdá se perdieron 11 vidas, pero sabemos que ha habido muchos accidentes más. Eso debería ser motivo para que se hablen de soluciones y no solo al calor de la conmoción. Ya están aquí las fiestas patrias, después seguirán las patronales y la pólvora estará concentrada con lo que hay mucho peligro en las celebraciones mexiquenses. No se trata de acabar con las tradiciones sino establecer medidas de prevención y que esta siga siendo una actividad de la que viven muchas familias, pero no un elemento que enlute hogares.
Diana Mancilla Álvarez