Intrigado y con ese vértigo por saber el desenlace, con esa alta tensión del suspenso, disfruté mucho la película más reciente de dos grandes actores mexicanos Alfonso Herrera y Noé Hernández (egresado, como bien sabe la raza de nuestra comarca, de la licenciatura en Arte Dramático de la Facultad de Humanidades de nuestra Máxima Casa de Estudios mexiquense). Basada en hechos reales y siguiendo la crónica del periodista y escritor Héctor de Mauleón y con el guión del solvente escritor Bernardo Esquinca, “La captura” narra la historia de la captura del Chapo Guzmán (interpretado consistentemente por Héctor Kotsifakis) por dos policías federales.
La película, como el buen cine y el buen arte, es siempre algo más que una película. Para este siglo XXI repleto de información (casi al borde de la infoxicación) es preciso enfatizar que también hay historias y relatos que le restituyen la pertinencia a ciertas facetas humanas. Con “La captura” sin duda se reivindica la honestidad de los servidores públicos (en este caso los policías federales) interpretados por los actores arriba mencionados. Sume al lector la coyuntura histórica y política (la real y la que se pretende construir desde las narrativas) en la que la película sale para el acceso de los públicos.
La credibilidad y el prestigio son fundamentales para la construcción (y el branding, para el ámbito comercial) de identidades. Es uno de los activos más importantes para las corporaciones, las instituciones y los individuos. Y en muchas ocasiones ese activo es parte fundamental para la interacción de dichas identidades con sus contextos, ya sean estos clientes, mercados, electores, colegas o competidores.
En una de las materias que tengo el gusto de impartir a los estudiantes, nos enfocamos en el mundo del ejercicio profesional. Y en ese mismo sentido exploramos la ética del consumo (incluyendo las radicalidades de la funa en las redes sociales y los buycotts), así como proyectos que pretenden reinterpretar la interacción producción-consumo en nuestra era y nuestra inserción en el capitalismo.
La situación es compleja y tiene muchos puntos de fuga y de quiebre. Algunos canales de comunicación, como “Reinventing capitalism”, tratan de exponer casos empresariales en los que hay una reivindicación de la honestidad y, sobre todo, de opciones para esbozar la posibilidad de huir de la explotación. Y se suman a los esfuerzos de compromiso social, laboral, ecológico y comunitario, como los sellos de Fair Trade, quizá el más famoso sistema de validación de justicia comercial en el ámbito empresarial.
Parecería que la noción de honestidad y la credibilidad están en un resquebrajamiento gradual y consistente. Seguramente, es uno de los tantos factores que inciden en el fracaso de los sistemas democráticos, así como en el paso seco que sirve para arder la hoguera de la polarización.