¿Cuántas veces revisas tu teléfono antes de dormir? ¿Y qué es lo primero que haces al despertar?
El teléfono suele estar en el buró, junto a la cama, y se ha convertido en una de las últimas cosas que vemos antes de cerrar los ojos y en una de las primeras que buscamos al comenzar el día. A veces no estamos esperando una llamada importante ni un mensaje urgente. Simplemente revisamos, miramos WhatsApp, el correo, las redes sociales, las noticias, deslizamos la pantalla, respondemos algún mensaje y, unos minutos después, volvemos a hacerlo.
Lo interesante es que este comportamiento se ha convertido en un hábito y ha dado paso a un fenómeno característico de nuestra época: la sensación de que debemos estar disponibles todo el tiempo.
La tecnología modificó radicalmente nuestra relación con el tiempo y nuestra presencia. Nos permitió trabajar desde cualquier lugar, comunicarnos de manera inmediata y mantenernos informados en tiempo real, estar de manera presencial y digital.
Antes, salir de la oficina significaba, al menos físicamente, terminar la jornada. Hoy un mensaje de trabajo puede aparecer durante el fin de semana. Una videollamada puede interrumpir una tarde familiar. Y una notificación puede devolvernos mentalmente al trabajo justo cuando intentábamos descansar.
Y el problema no es únicamente que podamos responder, es que comenzamos a sentir que debemos hacerlo.
La psicología del trabajo ha dado un nombre a este fenómeno: telepresión laboral, un término desarrollado por la psicóloga Larissa K. Barber y sus colegas para describir la preocupación y urgencia por responder rápidamente a mensajes relacionados con el trabajo, incluso fuera del horario laboral.
En sus investigaciones encontraron que esta presión se relaciona con dificultades para recuperarse psicológicamente del trabajo y con consecuencias como agotamiento, problemas de sueño y menor satisfacción con el equilibrio entre vida laboral y personal.
Un estudio publicado en la Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones.en 2019 por Xinyu Hu, Alecia M. Santuzzi, de Northern Illinois University, y Larissa K. Barber, de San Diego State University, analizó a 233 trabajadores de tiempo completo para estudiar la llamada telepresión laboral, encontraron asociaciones entre esta presión y problemas como el agotamiento y la mala calidad del sueño; además, observaron que cuando las fronteras entre el trabajo y la vida personal se cruzan constantemente, aumenta la relación con la fatiga física, dormir menos y tener un sueño de peor calidad.
La diferencia parece pequeña, pero psicológicamente es enorme si tomamos en cuenta que el problema comienza cuando dejamos de sentir que tenemos derecho a no responder.
Las consecuencias de trabajar sin límites no son menores. La Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo estimaron que, tan solo en 2016, 745 mil personas murieron en el mundo por accidente cerebrovascular y cardiopatía isquémica asociadas con jornadas laborales de 55 horas o más por semana. El estudio encontró además que trabajar 55 horas o más semanalmente se relacionaba con un mayor riesgo de ambas enfermedades frente a trabajar entre 35 y 40 horas, la dificultad para establecer límites entre trabajo y vida personal no es solamente una cuestión de comodidad; puede convertirse en un asunto de salud.
El desafío no es regresar a un mundo sin tecnología. Es aprender a establecer límites, necesitamos aprender a no sentir culpa por desconectarnos porque no es irresponsabilidad, a veces es salud.
La tecnología nos dio la posibilidad de estar disponibles prácticamente todo el tiempo y ahora necesitamos recuperar la capacidad de decidir cuándo no estarlo.
Teresa González Corona