Si abrimos cualquier libro de historia universal, encontraremos uno de los hechos históricos más famosos y aparentemente precisos de la Edad Media: la “Guerra de los Cien Años”. Este título evoca la imagen romántica de generaciones enteras de caballeros ingleses y franceses combatiendo sin descanso; pero este nombre no solo es cronológicamente incorrecto, sino que es uno de los mayores engaños de la historia moderna.
Para empezar, el sangriento conflicto entre Inglaterra y Francia por el control del trono francés no duró un siglo: este comenzó en 1337 y terminó con la caída de Burdeos en 1453, sumando un total de 116 años. Pero más allá de no ser un título preciso, la realidad es que nunca fue una guerra constante. Fue, más bien, una caótica serie de campañas militares intermitentes, asedios y escaramuzas interrumpidas por largas treguas y la peste negra, que paralizó por completo a toda Europa.
Entonces, si no duró cien años y tampoco fue una sola guerra ininterrumpida, ¿quién decidió ponerle ese nombre?
Si le hubieras preguntado a un arquero inglés en la batalla de Agincourt o a la mismísima Juana de Arco en qué guerra estaban peleando, te habrían mirado con profunda confusión. Para los campesinos y soldados de los siglos XIV y XV, no existía un título épico; era simplemente “la guerra del rey” o la disputa de los Plantagenet y los Valois, un estado constante de tensión política con el que simplemente se habían acostumbrado a vivir.
Tuvieron que pasar casi cuatro siglos desde que terminara el conflicto para que alguien lo bautizara de esa forma, específicamente en 1823, cuando el historiador francés Chrysanthe Desmichels acuñó por primera vez el término “Guerre de Cent Ans” en un libro de escuela.
El objetivo de Desmichels, y de otros académicos que popularizaron el término poco después, era de origen pedagógico. La dinámica Francia del siglo XIX se encontraba consolidando su identidad nacional ante los hechos y deshechos de las múltiples revoluciones y guerras, por lo que enseñar su historia de una forma fácil de memorizar fue una prioridad. Presentar una guerra en lugar de decenas de conflictos era una estrategia mucho más fácil para describir la época en las aulas.
Hoy en día, seguimos utilizando este término por comodidad; las conclusiones de los profesores de historia resultaron ser retomadas en todo el mundo para describir los conflictos franco-ingleses de los siglos XIV y XV, incluso en el Reino Unido. Entender el origen del nombre contemporáneo para este conflicto es un recordatorio de cómo el estudio de la historia muchas veces se encarga de etiquetar eventos del pasado de una forma que sea más fácil de digerir para los tiempos actuales y no para referir lo que realmente ocurrió.
Rolan Haroldo Sánchez Gonzalez