Hoy, la película que ha estado en boca de todos es La Odisea de Christopher Nolan, donde, aunado a la historia principal, se retrata el inicio del colapso de la Edad del Bronce (1300 – 1200 antes de Cristo) y el final de la Guerra de Troya.
Hasta hace poco, tanto la Ilíada como su secuela eran consideradas mitos casi exclusivamente fantásticos, pero descubrimientos recientes han arrojado luz sobre un relato que puede pasar de la ficción a la realidad.
La Edad del Bronce era un complejo mundo en el que las primeras civilizaciones de Mesopotamia y el Mediterráneo coexistían e interactuaban unas con otras. Entre estas potencias de la época surgió un sistema mercantil y comercial amplio, mediante el cual el intercambio de bienes, sobre todo el de cobre y estaño (los metales necesarios para hacer la aleación de bronce), sostenía a las urbes importantes creadas alrededor de los palacios de los monarcas gobernantes.
Las entidades más importantes de la época eran Egipto y el Imperio hitita; este último se extendía aproximadamente desde el Líbano hasta las fronteras de la Turquía moderna. Al este se encontraba Babilonia, y el mundo griego al oeste. Es justamente en la costa occidental de la península de Anatolia (Turquía moderna) que los historiadores sitúan la posible existencia de Troya, lo que significa que, en un mundo tan interconectado como lo era la Edad del Bronce, el conflicto de la Ilíada tendría que haber interactuado con los hititas.
Hace cerca de 100 años, en las ruinas de la antigua Hattusa, se descubrió un archivo de alrededor de 30,000 tablillas cuneiformes. Aunque no fue notado al instante, la importancia del descubrimiento es que se trata de la correspondencia de Estado del Imperio hitita, donde, en una de ellas, se encuentra por primera vez mención histórica de Troya.
En 2011 se publicó The Ahhiyawa Texts, donde tres expertos hititólogos publicaron un libro con el contenido de 28 tablillas que hablan de la Guerra de Troya. Es justamente sobre este trabajo que Christopher Nolan hace guiños históricos, como los Pueblos del Mar y el inicio del colapso de la civilización de la Edad del Bronce.
Pero la parte realmente fascinante es que, de los 30,000 fragmentos encontrados en los archivos de Hattusa, cerca de la mitad siguen sin poderse traducir. Sin embargo, las nuevas tecnologías, como el uso de la inteligencia artificial encontrando caracteres invisibles para el ojo humano y uniendo distintos fragmentos que por sí solos carecen de sentido, año tras año, arrojarán luz sobre una importante época de la humanidad sobre la cual, hoy en día, se sigue sabiendo muy poco.
Para nosotros, como miembros de la sociedad occidental, estos hallazgos son de suma importancia. Tal como lo son las sagas vikingas para los escandinavos, tanto la Ilíada como la Odisea son las leyendas fundacionales del inicio de todas las culturas con herencia grecolatina, incluidos nosotros como mexicanos.
El hecho de convertir relatos tan primordiales para la formación de nuestra sociedad (como la conocemos) de leyenda a historia, puede significar el mayor descubrimiento arqueológico en siglos.
Rolan Haroldo Sánchez González