Esta semana y la anterior el valle de Toluca estuvo particularmente desquiciado. La ciudad vivió varios cierres de calles y avenidas (Tollocan y el entronque de Av. Tecnológico a la Toluca Tenango), luego se cerró la carretera México Toluca y la esquina de Tollocan y Av. Aeropuerto; además, con la claridad e inteligencia que les caracteriza se les ocurrió repavimentar la lateral de Tollocan, Paseo Vicente Guerrero frente a Ciudad Universitaria y un segmento de Quintana Roo/Gómez Farias, en pleno festival del Alfeñique, con sus respectivos conciertos y la Feria Internacional del Libro del Estado de México, así como el Festival Quimera en Metepec (y la repavimentación de su avenida principal: Paseo de San Isidro.
Es claro que la movilidad de las ciudades de este siglo debe replantearse desde muchos niveles, incluyendo el transporte público digno y sin peligro para nadie (conductores, ciclistas y peatones). Es claro también que muchos bloqueos provienen de demandas urgentes e inmediatas. Como los que atañen a las condiciones laborales, sindicales y estrictamente administrativas (insumos, medicinas, etc.) del Instituto Mexicano del Seguro Social y el que implica la crisis forense representada en la angustia de las madres buscadoras, en Toluca. En Guadalajara, el detonador fue el acceso a agua. Sí, otra vez en modo crisis hídrica: falta de agua, limpia.
Sin embargo, como lo que parecería un eco del mítico 1968 en Europa y América, estos últimos meses hemos visto montones de manifestaciones a nivel mundial. Los estudiantes de los liceos (entre high school gringo y secu-prepa para México) por las malas condiciones y la disminución de presupuestos, justo como sucediera hace unos lustros en Chile, de donde salieron líderes del “estudiantazo” de 2011, como Gabriel Boric y Camila Vallejo. En la India, el movimiento de las “cucarachas”, como se denominaron los estudiantes reacios al “carisma” y popularidad autoritaria de Narendra Modi es cada vez mucho más reactivo, políticamente hablando al “presidente más popular del mundo” (claro, del país más poblado del mundo).
En España, el desalojo de una abuela de su casa, que falleció días después, expuso la problemática de la vivienda antes los carteles inmobiliarios. En Portugal, en Grecia, en ALbania las protestas también incluyen la precariedad laboral.
Parece una obviedad, pero no sobra nunca insistir que estas protestas de hoy están gritando el futuro más inmediato. Sí, en términos electorales de los comicios inmediatos de cada lugar. Pero sobre todo de la urgencia para atender las fauces que nos mordisquean este presente: la atención y la pertinencia del Estado respecto a la habitabilidad de sus ciudadanos: agua, salud, educación, vivienda, trabajo, salarios. También parece una obviedad señalar que esto apenas comienza.