El pequeño remanso de las vacaciones nos llenó el tintero. Así que este “Bastiones” tiene tres esbozos. El primero es el colapso administrativo de la editorial ERA que, ya para este viernes, parece un tema muy manido. No obstante, sabemos de la importancia cultural, histórica y artística (literaria, cultural, pero también gráfica, por las portadas diseñadas por el gran Vicente Rojo).
Además de la polémica y canónica novela “Aura” de Carlos Fuentes (censurada en su momento y probablemente la obra que más perdurará del premio Cervantes), al igual que la crónica “La noche de Tlatelolco” de la premio Cervantes Elena Poniatowska, sin olvidar el catálogo de Jose Emilio Pacheco (antes de su migración a una editorial del duopolio global del mercado hispanohablante, como pasó con la obra de Roberto Bolaño), la editorial ERA fue durante mucho tiempo la editorial independiente de mayor influencia y consistencia, hasta que se le emparejaron Almadía y Sexto Piso.
Sí, la transformación del mercado, la piratería de libros en pdf, el libro electrónico, incluyendo la alteración de la modificación de las funciones de la red de librerías de Educal, las políticas editoriales, de venta y distribución del Fondo de Cultura Económica), así como el impacto de la pandemia, reconfiguraron el medio editorial, junto con todas las interacciones humanas. A modo de requiem, el lugar histórico de una empresa cultural del calibre de ERA ha colgado los tenis.
El segundo tema es la importancia de la obra de Federico García Lorca. Este 18 de agosto, a 90 años de su asesinato por las huestes franquista, se conmemoró, casi de manera unánime, en las redes sociales. Si bien, ideológicamente, su bando perdió la guerra; su literatura, su obra, ganó la historia. Justo como en sentido contrario el pasó al fundador de La Falange, Sanchéz Mazas, como bien señaló Javier Cercas en el gran libro Soldados de Salamina. Tanto la reivindicación popular del Romancero Gitano, como la rebelión de Poeta en Nueva York, Bodas de sangre y, sobre todo, La casa de Bernarda Alba (sin olvidar, Yerma) son hoy por hoy igual de pertinentes que en 1936.
Tercero, las vacaciones me permitieron gozar la serie El Dentista, protagonizada por Demian Bichir. Como toda obra del género negro, su crítica política es clara y enfocada en poderes facticos (en este caso los fifís porfiriana, justo como hace con la masonería y la realeza la película From hell, protagonizada por Johnny Depp, basada a su vez con la novela gráfica del gran Alan Moore, con un protagonista simultáneo: Jack el destripador). Con tantita intuición, uno percibe que resalta algo fundamental para el contexto mexicano actual de las narcofosas (y claro, para el México porfirista de la serie): el vestigio forense. En este caso: dental; sí, el único que puede identificar a los cadáveres, a las desaparecidas, y por ende, intuir a los asesinos.