Para nadie es desconocida la idea de que el mundo y la historia parece inmersos en un péndulo, sobre todo cuando se pone la vista y se nombra una dualidad. Desde lo bueno y lo malo hasta la derecha y la izquierda. Menos aún si la simplificación del mundo y de la historia le pone “pesos” a esos dos lados, pues lo que obtenemos es una balanza que mide las cosas.
Para nadie es nueva esa noción del movimiento que parece revelar ciclos en el mundo. Y en la historia. Desde la evidente transición del día y la noche, de las estaciones y del ciclos estelares, hasta ideas mucho más sofisticadas como “el eterno retorno”.
Para los curiosos se podría rastrear esos significados a las ideas del hermetismo. Para otros, podría ser sólo la deducción del pensamiento ancestral, que sin ciencia, pero sí con método, asumía y entendía el mundo, como bien lo explicó Claude Levi Strauss en su libro “El pensamiento salvaje”. La premisa es simple, el pensamiento ordenado, lógico y estructurado precede la ciencia occidental basada en la duda como método.
Por eso no suena ilógico que sea común pensar que en político también existe un “péndulo” de postura. No obstante, con la polarización de este siglo y la visión de túnel que nos inyectan los algoritmos de las redes con la dosis de nuestros propios sesgos, con esa polarización espoleada por los púlpitos ideológicos y mediáticos, claro que parece que todo se va a la extrema derecha o a la extrema izquierda.
También que todo renace para volver a aprovecharse de los odios y resentimientos, de las desigualdades y las injusticias que, sin lugar dudas, no han desaparecido.
Desde esa mirada, no cabe duda de que el triunfo de la “extrema derecha” en Alemania del partido político Alternativa para Alemania. Resalta, primero, porque es un triunfo en un país de alto contenido simbólico para la historia de los últimos 200 años. Resalta también porque parece un correlato, un espejo de los triunfos políticos de otros lados del mundo (desde Estados Unidos y la América Látin, hasta países en la otrora Cortina de Hierro de la Europa Oriental, pero también en el Afganistán de los talibanes, por citar el caso más sintomático y repulsivo).
El panorama no puede ser más singular si le ponemos en el mapa y en el territorio el dominio en la construcción de las narrativas de los big data, la publicidad personalizada y el alcance de los grandes de Silicon Valley. Y, sobre todo, la competencia por el dominio de las inteligencias artificiales en un planeta agobiado por el cambio climático y el acceso al agua. Estas últimas coordenadas, me parece, son las que dictan mucho más el peso de ese péndulo Y deberían preocuparnos aún más, ante un doble señuelo.