El reloj electoral ya corre en el Estado de México. Con la aprobación de la convocatoria por la LXII Legislatura, el proceso rumbo al 6 de junio de 2027 dejó de ser una fecha distante para convertirse en una disputa política que, aunque formalmente apenas comienza, se cocina hoy en partidos y estructuras territoriales.
La dimensión de la elección obliga a mirar más allá de los discursos. Estarán en juego mil 291 cargos de elección popular. Son 75 diputaciones locales: 45 de mayoría relativa y 30 de representación proporcional, para integrar la LXIII Legislatura del 5 de septiembre de 2027 al 4 de septiembre de 2030. En los municipios se disputarán mil 216 posiciones: 125 presidencias municipales, 125 sindicaturas y 966 regidurías, con un periodo constitucional del 1 de enero de 2028 al 31 de diciembre de 2030.
La cifra impresiona, pero el fondo está en lo que representa cada boleta: poder, presupuesto y control territorial. Y es que no se renovarán únicamente cargos; se pondrá a prueba la correlación de fuerzas y comenzará a dibujarse el escenario rumbo a la elección de gobernador o gobernadora.
Morena llega con una ventaja política evidente y buscará conservar la mayoría legislativa y ampliar, o al menos sostener, su presencia en los 125 municipios. Perder espacios sería una señal de desgaste y una oportunidad para sus adversarios. Por eso la contienda municipal será especialmente relevante. Ahí se mide la fuerza real de una organización, no sólo su capacidad para llenar plazas o lanzar consignas.
La oposición, por su parte, enfrenta una prueba más dura. Necesita recuperar territorio, construir candidaturas competitivas y convencer a un electorado que no necesariamente votará en bloque. No basta con criticar a Morena. Si quiere tener voz y voto en la definición del futuro político mexiquense, tendrá que demostrar que puede gobernar municipios, ganar distritos y ofrecer una alternativa reconocible.
El propio coordinador de Morena en el Congreso local, al anticipar una contienda competida, interesante y dura, deja entrever que el partido tampoco da por asegurado el resultado. Esa advertencia debe tomarse en serio. En una elección de mil 291 cargos, cualquier error de estrategia puede multiplicarse.
La verdad es que la carrera ya comenzó hace tiempo. Vendrán alianzas, rupturas, mediciones internas, selección de candidaturas y una intensa batalla por el territorio. El desafío para la ciudadanía será distinguir entre propaganda y propuestas; para los partidos, entender que el poder no se hereda: se refrenda en las urnas.
El 6 de junio de 2027 no sólo definirá quién ocupará mil 291 cargos. También dirá quién conserva el control político del Estado de México y quién logra convertirse en una oposición con capacidad real de disputarlo. Ahí está el fondo político.
Martha González Aguilera