La presentación oficial del Paquete Económico marca un hito fundamental para la administración pública en México pues se espera que este tercer año sea de consolidación fiscal.
En un entorno internacional caracterizado por la volatilidad financiera, las altas tasas de interés globales y con retos internos apremiantes que exigen una respuesta gubernamental oportuna, la Secretaría de Hacienda se enfrenta al complejo y delicado dilema de reducir de manera responsable el déficit público heredado, sostener el gasto social prioritario y garantizar la inversión indispensable para el desarrollo nacional.
Sin embargo, más allá de las cifras tradicionales y las proyecciones macroeconómicas de rutina, este año nuestro país lo que busca es evitar la caída en las calificaciones de la nota de las calificadoras y por ello tendrá que haber un equilibrio milimétrico que satisfaga tanto a los mercados como a las demandas internas de bienestar social.
Para comprender la verdadera magnitud de este desafío estructural, es indispensable mirar al retrovisor y analizar con detenimiento el comportamiento de las notas soberanas de México en los últimos cinco años. Durante este periodo, la nación ha defendido con tenacidad el codiciado grado de inversión ante las principales agencias globales de valuación de riesgo. No obstante, el margen de maniobra institucional se ha estrechado de manera notable: mientras que algunas agencias mantienen al país en la línea limítrofe con perspectivas estables, otras han mantenido un escrutinio férreo debido a las presiones presupuestarias estructurales, la desaceleración del crecimiento y los pasivos financieros asociados a la operación de las empresas productivas del Estado.
Frente a este riguroso panorama de vigilancia internacional, las opciones de maniobra del gobierno federal se acotan drásticamente. En lo que se relaciona con el gasto ya hay muy poco que hacer, pues la gran rigidez del presupuesto público impide realizar recortes profundos o drásticos sin poner en riesgo la red de protección social, la operación de los servicios básicos, la seguridad nacional y los proyectos de infraestructura estratégica que dinamizan los mercados regionales.
Ante este escenario tan restrictivo, la estrategia gubernamental debe virar con inteligencia hacia la optimización de los ingresos públicos. En este rubro, el Estado Mexicano estará presionando con una forma más estratégica, perfeccionando los mecanismos de fiscalización, cerrando espacios a la evasión fiscal y eficientando la recaudación tributaria, con la finalidad de alcanzar el equilibrio y un mayor beneficio económico para el país sin asfixiar la economía productiva.
El Paquete Económico no es un simple ejercicio contable ordinario; es la prueba de fuego definitiva para demostrar que la disciplina macroeconómica de México sigue firme. De su correcta ejecución y de la certidumbre que transmita dependerá blindar la confianza internacional y asegurar la estabilidad financiera a largo plazo.