La recaudación fiscal de un país es el reflejo más fiel de la salud de su aparato productivo, pues cuando la actividad económica tropieza, las arcas públicas sienten el golpe de forma inmediata. Al cierre del primer semestre del año, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público reveló un dato preocupante: el cobro del Impuesto Sobre la Renta (ISR) registró una caída del 6.2 por ciento real anual, alcanzando los 1.572 billones de pesos. Se trata del retroceso acumulado más severo para una primera mitad de año en 17 años, superado únicamente por el colapso financiero de 2009.
Este tropiezo ocurre a pesar de que el universo de contribuyentes con pago de ISR creció a 5.218 millones de causantes. Es decir, mientras hay más pagadores tributarios registrados, el volumen de los ingresos fiscales se comprimió de forma considerable.
El epicentro de este deterioro tributario se localiza en el motor industrial del país. La recaudación de ISR en el sector manufacturero sufrió un desplome del 15.75 por ciento real anual, pasando de 344,533 millones de pesos a solo 290,272 millones de pesos en los primeros seis meses del año. Dado que la manufactura es el mayor contribuyente individual al aportar 18.5 de cada 100 pesos recabados por este gravamen, cualquier estornudo en sus plantas genera una pulmonía en el Servicio de Administración Tributaria.
La causa subyacente es la debilidad del empleo formal en las maquilas e industrias fabriles, las cuales acumulan más de tres años sin crecimiento en su personal ocupado. Con menos puestos de trabajo y utilidades reducidas, las retenciones y pagos provisionales se erosionan inexorablemente.
El sector manufacturero es el conjunto de actividades económicas dedicadas a la transformación mecánica, física o química de materias primas en bienes procesados o productos terminados. Abarca ramas fundamentales como la industria automotriz, aeroespacial, electrónica, metalmecánica, química, plástica, textil y de alimentos y bebidas. Representa cerca del 18 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y capta alrededor del 40 por ciento de la Inversión Extranjera Directa (IED) que ingresa a México.
Su relevancia económica para el país es crucial: es el principal propulsor de las exportaciones mexicanas, el mayor generador de empleo formal bien remunerado y el catalizador por excelencia de las cadenas de valor ligadas al comercio global.
Frente a esta coyuntura donde los sectores tradicionales pierden empuje, el Estado debe fortalecer sus ingresos tributarios de manera estratégica. Para incrementar la recaudación, resulta indispensable implementar una formalización progresiva mediante la simplificación tributaria, diseñando un esquema de incorporación fiscal ágil con cuotas fijas de ISR escalonadas para las micro y pequeñas empresas informales que reduzca drásticamente sus costos de cumplimiento normativo.
Asimismo, se requiere apostar por la digitalización y la fiscalización basada en inteligencia de datos para automatizar auditorías cruzando la información de comprobantes fiscales con estados bancarios, detectando atipicidades de forma preventiva sin elevar la carga fiscal sobre los contribuyentes cautivos.
Finalmente, es crucial concretar la ampliación de la base tributaria en la economía digital mediante mecanismos efectivos de retención sobre transacciones electrónicas, plataformas tecnológicas de comercio de bienes y servicios, e intermediarios financieros digitales.