En Morena, las campañas parecen tener más prisa que las responsabilidades públicas. De los 39 diputados locales de ese partido, 23 se incorporan a tareas de promoción bajo la figura de coordinadores municipales, una denominación que evita llamarlos abiertamente aspirantes, con la mira en la siguiente candidatura.
Son casi 59 por ciento de la bancada. Y todavía faltan los registros para las diputaciones, donde seguramente habrá más interesados.
La pregunta es inevitable: ¿cuándo la ambición por otro cargo desplazó las obligaciones actuales? Una cosa es tener aspiraciones legítimas y otra convertir el trabajo legislativo en una actividad secundaria mientras se construye el camino electoral.
También importa el mecanismo que permite adelantar los tiempos y utilizar figuras partidistas para posicionar nombres. Si son coordinadores, que expliquen sus funciones y cuánto tiempo dedicarán a ellas.
Si buscan una candidatura, la ciudadanía merece saberlo sin eufemismos. La transparencia no depende del nombre de una estrategia.
La ley electoral establece plazos para ordenar la competencia. No basta con encontrar una figura que permita recorrer municipios y construir estructuras antes de las precampañas. Habrá que revisar las actividades concretas y su encuadre legal: nombrar a alguien coordinador no demuestra por sí mismo una infracción, pero tampoco debe servir para eludir la fiscalización y la rendición de cuentas.
El escenario amenaza con extenderse. En los ayuntamientos se preparan quienes buscan la reelección y otros perfiles afinan sus registros.
Después podrían sumarse integrantes del gabinete estatal en busca de nuevas posiciones. Así, la competencia interna corre el riesgo de absorber la atención política antes de los tiempos oficiales.
La verdad es que el costo podría estar en lo que dejan atrás quienes ya miran hacia adelante. ¿Quién atiende los problemas de los distritos? ¿Quién da seguimiento a las iniciativas y responde por los pendientes legislativos?
Una curul no es una plataforma provisional para el siguiente salto político: implica obligaciones que siguen vigentes aunque el partido abra nuevas oportunidades. Morena tendrá que explicar cómo concilia la movilidad de sus aspirantes con sus responsabilidades.
El relevo político es parte de la democracia, pero gobernar y legislar también lo son. Si casi seis de cada diez diputados están volcados en esta ruta, la pregunta no es solo quién quiere competir, sino quién hace el trabajo para el que fue elegido.
Mientras todos buscan el siguiente asiento, alguien debe permanecer al volante. La ciudadanía no votó para que sus representantes vivieran en campaña permanente. Votó para que resolvieran problemas. Lo demás no puede ir primero.
Martha González Aguilera