La elección de 2027 ya empezó. Aunque las campañas todavía parecen lejanas, la disputa política en el Estado de México entró en una etapa sin vuelta atrás. El proceso electoral estatal 2026-2027 quedó formalmente instalado y el 6 de junio del próximo año estarán en juego 75 diputaciones y los 125 ayuntamientos.
La dimensión del reto está en las cifras: la lista nominal supera ya los 13.2 millones de personas electoras.
Y ya hay señales. Los primeros reclamos por presuntos actos anticipados de campaña y promoción personalizada muestran que algunos actores entendieron que el calendario legal no coincide necesariamente con el político.
La verdad es que la competencia comenzó antes de los mítines, los espectaculares y los spots. Comenzó en los municipios, en los congresos, en las oficinas públicas y, por supuesto, en las negociaciones internas de los partidos. Ahí está el verdadero fondo del asunto.
Habrá alcaldes que buscarán conservar influencia aunque no puedan reelegirse jurídicamente; diputados que comenzarán a medir territorio; funcionarios que tendrán que decidir entre administrar y construir una candidatura; y grupos políticos que moverán piezas para quedarse con municipios estratégicos. Porque en el Estado de México, ganar una alcaldía no significa solamente colocar una autoridad: significa controlar estructuras, presupuestos, presencia territorial y capacidad de operación política.
El mapa actual vuelve más compleja la contienda. Además, el control municipal pesa: ahí se construyen liderazgos, redes y capacidad de movilización. Por eso, las candidaturas serán el primer gran campo de batalla de 2027. Morena y sus aliados gobiernan 89 de los 125 municipios y mantienen la mayoría en el Congreso local. Por eso, 2027 no será únicamente una batalla para conquistar espacios; será también una disputa por defender el territorio ya ganado.
Pero, ¿Morena tendrá que preocuparse más por la oposición o por sus propias disputas para seleccionar candidaturas?
La respuesta no está escrita. Pero sí hay una certeza, cuando un partido administra tanto territorio, la competencia interna puede adquirir una dimensión tan determinante como la externa. La selección de candidatos será una prueba de disciplina, negociación y capacidad para contener rupturas.
La oposición, mientras tanto, tendrá que demostrar que puede convertir el desgaste, los errores o las divisiones del bloque gobernante en una alternativa territorial concreta, no solamente en discursos.
La elección apenas comienza, pero la batalla por 2027 ya está en marcha. Y es que, antes de que el ciudadano reciba una boleta, los partidos ya estarán decidiendo quién aparecerá en ella. Esa disputa previa puede definir buena parte del escenario político del 6 de junio de 2027.
Martha González Aguilera