Ya se sienten los tiempos preelectorales. Basta mirar las calles, escuchar las discusiones políticas y observar cómo un problema cotidiano empieza a convertirse en bandera partidista. En Toluca, el pésimo estado de las vialidades se volvió el centro de la conversación. Hoyos, baches, cráteres, hundimientos y ahora también grietas forman parte del paisaje.
La verdad es que Toluca no es el único municipio con este problema. Basta con recorrer el Valle de México o dirigirse al sur del Estado de México para encontrar carreteras, caminos y avenidas en condiciones preocupantes. El deterioro vial viene de tiempo atrás y exige respuestas. Lo que resulta difícil de aceptar es que, justo cuando se acerca la disputa electoral, el tema aparezca con tanta fuerza y cada partido parezca tener una respuesta lista.
Morena apunta al pasado priista. Los priistas responden que no entregaron las calles en el estado que hoy se denuncia. Y mientras unos reparten responsabilidades hacia atrás, otros intentan capitalizar el enojo presente. El intercambio sirve al debate, pero no sustituye las respuestas técnicas: cuánto cuesta reparar, dónde está el daño urgente y de dónde saldrá el dinero.
La presidenta Claudia Sheinbaum comprometió durante su visita del fin de semana que antes de concluir su gobierno las calles quedarían en óptimas condiciones. Ahora falta convertirlo en un plan verificable: presupuesto, metas, responsables y calendario. Sin esos elementos, una promesa puede quedarse exactamente en eso: una promesa.
Mientras tanto, los partidos locales mueven sus piezas. El PRI propone cancelar los conciertos del Alfeñique y destinar esos recursos al arreglo de vialidades. El PAN sale con pico y pala a parchar algunos hoyos. Movimiento Ciudadano llevó al Congreso mexiquense una iniciativa para buscar las causas de fondo y plantear soluciones. Cada acción debe responder una pregunta: ¿resuelve el problema o produce una imagen política alrededor del problema?
Y es que ahí está, precisamente, el riesgo de estos tiempos: que los baches se conviertan en utilería electoral. Que una pala, una conferencia o un anuncio sirvan más para posicionar siglas que para recuperar calles. La ciudadanía necesita obras, no escenografías; mantenimiento permanente, no operativos de temporada.
No se trata de negar responsabilidades históricas, sino de impedir que el pasado sea excusa. Que cada peso ya tenga destino claro, que cada obra pueda medirse y que cada gobierno responda por lo que le corresponde.
Porque cuando finalmente termine la temporada de discursos, los baches seguirán hablando. Y esas calles, que no votan pero sí castigan todos los días el abandono, serán el mejor registro de quién convirtió una demanda ciudadana en una solución y quién solamente encontró en ella otra oportunidad para hacer campaña.
Martha González Aguilera