La visita de Claudia Sheinbaum a Toluca tendrá dos escenarios. El público, el de los resultados que la Presidenta llega a presumir en el Estado de México: obras, programas, movilidad, acciones sociales y, de manera particular, los avances del Plan Oriente. Hay trabajo que mostrar y una agenda federal que ha colocado al territorio mexiquense como pieza relevante.
Pero el otro escenario será más discreto, y justamente por eso, más revelador. Estará en las sillas.
Hoy, cuando comiencen a acomodarse los invitados, también empezarán a acomodarse las lecturas políticas. En estos actos, un lugar en primera fila no es solamente un lugar; tampoco una ausencia puede tomarse siempre como casualidad. El protocolo habla, pero los políticos escuchan todavía más.
De entrada, todo apunta a que Horacio Duarte no estará pegado a la Presidenta ni a la gobernadora Delfina Gómez. El secretario General de Gobierno conoce los tiempos y las señales de estos encuentros, aunque hasta hace poco ya se hacía repartiendo espacios, ha tenido que frenarse.
Hoy, la verdadera lupa estará sobre Higinio Martínez.
El senador mexiquense ha dejado de esconder sus aspiraciones y, en los últimos días, se ha movido con una soltura que difícilmente pasa inadvertida. Ya se habla abiertamente de su intención de buscar la candidatura de Morena a la gubernatura y, alrededor suyo, algunos cercanos comienzan a repartir mentalmente candidaturas y espacios en el tablero de poder.
Por eso la primera fila puede convertirse en una fotografía incómoda para algunos y alentadora para otros. Si Higinio Martínez aparece cerca de Claudia Sheinbaum y Delfina Gómez, habrá quienes lean respaldo y fuerza. Si no ocurre, también habrá interpretaciones.
Mientras tanto, Morena en el Estado de México continúa atrapado en una definición pospuesta más de una vez. En otras entidades ya fueron anunciados Coordinadores de la Defensa de la Transformación, figuras que comienzan a trabajar como aspirantes rumbo a 2027. Aquí persisten los cambios de fecha, las versiones cruzadas y la incertidumbre.
Mientras algunos grupos se adelantan, otros esperan señales. Unos presumen cercanías, otros cuidan silencios. Las estructuras locales observan quién se acerca, quién se aleja.
La efervescencia es evidente. El tiempo aprieta y duele. También lo es la falta de definiciones. Y cuando un partido administra demasiado la incertidumbre, corre el riesgo de que las expectativas crezcan más rápido que los acuerdos.
Así que hoy habrá un informe regional, sí. Pero también una radiografía política en tiempo real. Se escuchará a la Presidenta, se observará a la gobernadora y, quizá con más atención de la que muchos admitirán, se contará quién se sienta dónde.
Porque en Morena mexiquense todavía nadie tiene la sopa servida. Y con tantos movimientos alrededor de la mesa, más de uno podría terminar derramándola antes de llegar al plato.
Martha González Aguilera