Por fin llegará a la diputación la propuesta de reforma universitaria de la Universidad Autónoma del Estado de México. Y no es un trámite menor. Tras años de desgaste y, la verdad sea dicha, de intereses ajenos a su misión, el documento abre una posibilidad: reconstruir la institución y devolverle capacidad para crecer.
La rectora Patricia Zarza plantea una universidad auténticamente estatal pública, con autonomía institucional y capacidad para responder a los nuevos escenarios del país. La UAEMéx no puede seguir funcionando con inercias de otras épocas.
Desde 1828 acumula identidad, prestigio y responsabilidad con el Estado de México. Reformarla no significa romper con su historia, sino evitar que el pasado se convierta en camisa de fuerza.
Son 146 artículos agrupados en siete títulos. No es un ajuste menor ni cosmético. Hay asuntos pendientes: mayor representación de los centros universitarios y unidades académicas en la toma de decisiones, fortalecimiento académico, reglas para los procesos electivos, regulación de la inteligencia artificial, atención a las violencias y la discriminación, innovación, infraestructura académica, transparencia y protección de datos.
Ahí está la prueba. Una reforma vale por lo que cambia en la vida cotidiana de estudiantes, docentes y trabajadores, no por el número de artículos. La representación puede acercar decisiones; reglas electorales claras pueden reducir disputas; la regulación de la inteligencia artificial puede cerrar vacíos frente a una tecnología que ya transforma las aulas; y una política firme contra las violencias puede convertir derechos declarados en garantías reales.
Además, fortalecer infraestructura y transparencia no es secundario. Una universidad que pretende innovar necesita espacios dignos, recursos vigilados y decisiones explicables. La autonomía tampoco debe confundirse con opacidad. La autonomía se fortalece cuando hay rendición de cuentas.
Ahora viene la parte política. La propuesta necesita discusión, no aplausos automáticos. La rectoría confía en el respaldo del Ejecutivo estatal, y sería deseable que se traduzca en respeto a la autonomía y recursos, no en control político. El gobierno tiene una oportunidad para demostrar que una universidad fuerte beneficia al estado entero.
La UAEMéx ha sobrevivido a etapas de desgaste. Esta reforma puede ser el punto de partida para dejar atrás esa historia. Pero el rescate no ocurrirá por decreto: dependerá de que la comunidad participe, de que los poderes públicos respeten su autonomía y de que cada peso y decisión tengan como destino la universidad. Si se quiere grandeza para el Estado de México, hay que empezar por una institución que pueda pensar, enseñar, investigar y decidir con libertad. Esa es su verdadera dimensión: una oportunidad histórica. hoy mismo
Martha González Aguilera