Hugo Vázquez, guía especializado en turismo de naturaleza, diseñó el Tlaloc TH1, un dispositivo multifuncional para descenso, distribución de cargas y rescate vertical.
Desarrollado en México durante casi cinco años, el invento se encuentra en pruebas de resistencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y tendrá un precio estimado de 3 mil 500 pesos. Su presentación oficial será el 21 y 22 de noviembre en Ocuilan, Estado de México.
Vázquez cuenta con acreditación como guía de turismo de naturaleza, certificación internacional de ICAN como guía de cañonismo y formación en técnicas de progresión vertical avalada por la Federación Mexicana de Actividades Subacuáticas.
También trabajó como electricista y liniero industrial, experiencia que le permitió conocer las necesidades de seguridad en altura. A ello suman sus estudios de artes plásticas y alrededor de 14 años como tatuador, actividad que influyó directamente en la creación del dispositivo.
“Yo siempre tuve la inquietud de diseñar un descensor de cañonismo, porque los dispositivos que utilizaba no me dejaban satisfecho. Como también trabajo en la industria, conozco las necesidades de ambos medios y quería desarrollar algo que realmente aportara una solución”, explicó.
La idea surgió mientras modificaba el calendario azteca para una propuesta de tatuaje. En sus formas encontró una geometría que podía adaptarse al mecanismo. Después vinieron las modificaciones, los prototipos y la búsqueda de fabricantes capaces de combinar resistencia, funcionalidad y ligereza.
El resultado son tres versiones: una de acero al carbón, otra de acero inoxidable y una más de aluminio de alta resistencia.
El Tlaloc TH1 permite controlar descensos mediante cuerdas y, gracias a sus múltiples orificios, organizar anclajes y distribuir cargas. Esto amplía sus posibles aplicaciones en cañonismo, espeleología, escalada, rescate y trabajos industriales.
“Lo interesante es que no solamente sirve para descender. Los orificios permiten organizar cuerdas, mosquetones y otros elementos. Para quienes trabajamos como guías, eso resuelve muchas necesidades, porque no siempre encontramos las mismas condiciones en una montaña, una cueva o un cañón”.
El desarrollo también contempla descensos acompañados, incluidas pruebas con personas con discapacidad en una o ambas manos, siempre que puedan caminar y bajo condiciones específicas de seguridad.
Antes de comercializarlo, Vázquez busca respaldar técnicamente su invento. Actualmente realiza pruebas de resistencia y capacidad de carga en laboratorios de la Facultad de Ingeniería de la UNAM. También espera avanzar en evaluaciones con la Universidad de Guadalajara y organismos internacionales especializados.
“La verdad es que en México todavía tenemos vacíos importantes en la normatividad para este tipo de dispositivos. No se trata solamente de diseñarlo y venderlo; hay que demostrar que funciona y que puede utilizarse de manera responsable”.
Uno de los objetivos del proyecto es mantener la manufactura nacional. Aunque recibió propuestas para producirlo en China, Vázquez decidió buscar proveedores mexicanos, pese a las dificultades que encontró por la falta de experiencia local en la fabricación de equipo especializado de estas características. Actualmente cuenta con un proveedor para escalar la producción y estima un precio al público de 3 mil 500 pesos.
“Confiamos en que en el país también se hacen cosas buenas. El diseño ya estaba; me faltaba encontrar quién pudiera manufacturarlo como necesitábamos”, señaló.
El dispositivo será presentado durante un encuentro de actividades de aventura los días 21 y 22 de noviembre en el Rancho de la Gloria, en Ocuilan. El programa contempla recorridos de cañonismo, demostraciones y prácticas de uso.
La iniciativa continuará en 2027 en Valle de Bravo, donde Vázquez identifica oportunidades para explorar cañones y ampliar la oferta de turismo de aventura.
Desde su proyecto Ocutlán Aventuras, el guía apuesta por convertir una necesidad detectada durante años de trabajo en una solución diseñada en México. Su siguiente reto será completar las pruebas y obtener los respaldos técnicos necesarios para llevar el Tlaloc TH1 al mercado.
Martha González Aguilera