La austeridad, esa palabra que en el Estado de México parece tener un criterio bastante selectivo, vuelve a mostrar sus dos caras. Ahora resulta que también la Presea Estado de México será sometida a un recorte significativo. El argumento es conocido: hay que cuidar el gasto público. El problema aparece al observar dónde se aprieta el cinturón y dónde, curiosamente, se deja de lado.
Porque mientras una distinción con décadas de historia y valor institucional se reduce de 15 a apenas 8 categorías, en otros rubros sí hubo margen para gastar. Ahí están los fan fest, eventos que generaron cuestionamientos por el uso de recursos y que, bajo la explicación oficial, se financiaron con el impuesto al hospedaje. Pero la pregunta inevitable es otra: si se trata de recursos públicos, ¿por qué la austeridad cambia de criterio según el concepto del gasto?
La contradicción resulta todavía más evidente cuando los propios diputados sostienen que buscan preservar el valor simbólico de las preseas y, precisamente por ello, plantean impedir la creación de otros galardones. Pero entonces surge una duda incómoda: ¿cómo se preserva el prestigio de una institución reduciendo sus categorías casi a la mitad?
Pasar de 15 a 8 no es un ajuste menor. Es eliminar siete espacios de reconocimiento para personas, organizaciones y trayectorias que podrían representar distintos rostros del mérito mexiquense.
Y es que una presea no es solamente una medalla. Es un mensaje sobre aquello que el gobierno considera digno de ser destacado: ciencia, cultura, innovación, solidaridad, trabajo comunitario.
La verdad es que ahorrar no está mal. Lo cuestionable es ahorrar precisamente donde el costo presupuestal puede ser pequeño, pero el valor simbólico es enorme. La austeridad debería ser una política transversal, no una tijera que corta donde resulta más sencillo y deja intactos los espacios de mayor exposición política.
Además, si el objetivo es fortalecer el significado de la Presea Estado de México, habría sido más coherente revisar criterios, transparentar procesos, elevar la calidad de las candidaturas y hacer más exigente la selección. Reducir categorías no garantiza prestigio. Puede producir el efecto contrario: que una institución construida durante décadas pierda representatividad.
El Estado de México necesita reconocer mejor, no reconocer menos. Si de verdad se quiere cuidar el dinero público, que se expliquen con la misma severidad todos los gastos. Porque la austeridad selectiva deja de ser austeridad y empieza a parecer conveniencia.
Y ahí está el verdadero riesgo, que bajo el argumento de ahorrar se termine recortando algo para todos los mexiquenses: el valor de los símbolos públicos. Una presea puede pesar unos gramos; la memoria que representa puede pesar generaciones.
Martha González Aguilera