La seguridad no termina en una caseta, ni cambia al cruzar de un estado a otro. Debe estar en el centro de cualquier estrategia regional.
La Séptima Reunión de Coordinación Interestatal por la Paz y la Seguridad, con autoridades federales y de ocho entidades, recordó una idea indispensable: los problemas regionales requieren respuestas regionales. Delfina Gómez Álvarez refrendó el compromiso de mantener el trabajo conjunto para atender delitos y problemáticas comunes. Es necesario, pero insuficiente.
Y es que la delincuencia no respeta fronteras administrativas. Un vehículo robado puede terminar en otra entidad; una red de extorsión puede operar desde un municipio y cobrar en otro; quienes cometen un delito pueden aprovechar carreteras y zonas limítrofes para escapar de una corporación y quedar fuera de su jurisdicción.
La región reúne al Estado de México, Ciudad de México, Guerrero, Morelos, Hidalgo, Puebla, Querétaro y Tlaxcala, unidos por rutas y actividad económica. Por eso, compartir información y realizar operativos no puede quedarse en una fotografía de funcionarios alrededor de una mesa.
La verdad es que una policía metropolitana o, al menos, un esquema policial regional con capacidades operativas comunes merece discutirse seriamente. No como burocracia, sino para cerrar los huecos que aprovechan quienes delinquen. Requeriría inteligencia compartida, protocolos únicos, comunicación inmediata y coordinación con fiscalías.
Pero coordinarse no significa diluir responsabilidades. Cada gobierno debe responder por sus resultados. De poco sirven mesas y operativos si la ciudadanía sigue enfrentando robos, extorsiones y homicidios.
Además, la reunión ocurre después de un repunte extraordinario de homicidios que llevó a activar el Operativo Otomí y reforzar el análisis de las causas. Ese episodio demuestra que la reacción puede ser rápida, pero también que la prevención debe adelantarse a crisis.
La seguridad regional exige inteligencia, tecnología, policías capacitadas y fiscalías capaces de investigar. Exige compartir bases de datos, mapas delictivos, información vehicular y patrones de operación criminal. Y exige voluntad política para trabajar juntos aunque no produzca titulares.
Porque construir paz no consiste en reunirse para decir que existe coordinación. Consiste en lograr que esa coordinación se note en las calles, en las carreteras y en la vida cotidiana. Si los delincuentes entendieron hace tiempo que las fronteras estatales pueden convertirse en ventaja, las autoridades deben demostrar que también pueden convertirlas en un punto de cierre. La reunión importa; ahora toca convertir los acuerdos en una estrategia regional permanente, verificable y capaz de quitarle al crimen el territorio que hoy intenta convertir en su mejor aliado.
Martha González Aguilera