En la cosmovisión mexica, el corazón (In Yollotl) representa la esencia o fuerza de la vida. Este órgano no solo era una bomba sanguínea; le atribuían la función rectora de la existencia, el pensamiento y el equilibrio cósmico, además de representar la conciencia, la memoria, el entendimiento y lo profundo del orden del mundo.
In Yolotl, era concebido como el sol en el microcosmos humano; se creía que este órgano contenía la energía básica de la vida, mientras su muerte lo deja en tránsito; no se destruye la energía, se transforma y pasa a otra dimensión; el cuerpo mortuorio e inerte del corazón.
El glifo de un corazón en la mano representa y expresa agradecimiento. Consideraban que el sentir es una deuda y se representa como el tesoro más preciado de la palabra que viene desde lo más profundo del corazón. Creían que la energía del corazón se liberaba a través del sacrificio espiritual mediante el ritual o tacamictiliztli, en donde la sangre chalchihuatl, ofrecida y expuesta para alimentar a los seres intangibles y mantener el orden del universo cemanahuactli el cual se reflejaría específicamente en el Anáhuac.
La importancia de la palabra yollotl trascendía en varios rubros: en el campo espiritual, emotivo, romántico, social, familiar; también repercutía en las artes, pintura y la poesía, por mencionar algunos. Anterior a la prehispanidad, se conocía y se concebía el significado con varios vocablos: prudencia (yolomatiliztli), investigar (yoloquixtia) (yollotl), entre otros. Cabe decir que, en los Cantares mexicanos, al corazón se le asocia con la morada del discernimiento y lo sagrado. En esta época, el tema de salud operaba bajo la cosmovisión del mundo bajo un modelo dual complementario; por un lado, la vertiente psicorreligiosa, atendida por el médico o sabio de la medicina (tícitl) quienes curaban simultáneamente los padecimientos de origen orgánico, es decir, al cuerpo, sino también a la mente, como los trastornos psicológicos y psicosomáticos, bajo la visión científica actual.
Cabe destacar la medicina empírica a cargo del tépatl; curandero y maestro de la herbolaria asociado con lo inexplicable y asociado por ende con lo mágico. Desde el Anáhuac, la práctica médica, podemos establecer que tenía un notable nivel de especialización. Solo por mencionar algunos casos: ellos ya situaban las facultades cognitivas (memoria, razón y emociones) en el corazón y no en el cerebro, asociaban las arritmias y taquicardias directamente con el delirio, la depresión o crisis psicóticas.
Mireya Martha Morlan Salinas. AMECRON