La planta potabilizadora del Lago de Guadalupe es una obra necesaria y, por sus dimensiones, relevante: más de 5 mil 500 millones de pesos de inversión, capacidad para procesar 3 mil litros de agua por segundo, una presa derivadora, planta de bombeo y 14 kilómetros de conducción.
Además, se rehabilitará infraestructura metropolitana y se intervendrá la planta Ancón. Aprovechar el agua almacenada en este cuerpo regulador puede fortalecer el abasto de Cuautitlán Izcalli y otras zonas, al tiempo que reduce riesgos de inundación. Son muy buenas noticias.
Pero gobernar un estado tan grande implica mirar más allá de la zona donde se concentra la inversión. Y aquí surge una pregunta que no debería incomodar, sino obligar a responder. ¿qué ocurre con las regiones que siguen esperando soluciones básicas?
El oriente mexiquense necesitaba atención. Durante décadas acumuló rezagos, inundaciones y una infraestructura hidráulica insuficiente. El plan para esa región registra 40 por ciento de avance en obras que incluyen colectores, plantas de bombeo, túneles y ampliaciones de cuerpos de regulación. Era indispensable actuar.
Lo que no puede ocurrir es que reparar una deuda histórica signifique abrir otra en el resto del estado.
Toluca es un ejemplo difícil de esconder. La capital arrastra problemas serios de infraestructura y, particularmente, de suministro de agua. Desde la sequía del año pasado, numerosas zonas no han recuperado un servicio regular, pese a que las presas presentan niveles óptimos. Entonces, ¿dónde está el problema? ¿En la distribución, en las redes, en la operación o en la falta de inversión? La ciudadanía merece una respuesta concreta, no explicaciones circulares.
Y mientras el agua sigue siendo una preocupación, las calles ofrecen otro retrato del abandono: pavimento destruido, baches, vialidades deterioradas y colonias donde el mantenimiento parece haber desaparecido. La capital y el Valle de Toluca, junto con el resto del EdoMéx no debería acostumbrarse al deterioro como si fuera parte inevitable del paisaje.
La verdad es que una política pública seria no puede medirse únicamente por los miles de millones destinados a las obras más visibles. También debe evaluarse por lo que ocurre en las colonias que no aparecen en las inauguraciones.
El Estado de México necesita infraestructura hidráulica, sí. Pero también necesita equilibrio. El oriente no puede seguir esperando, pero Toluca tampoco. Ni el Valle de México, ni el sur, ni ninguna otra región.
Porque el agua no debería tener código postal. Tampoco la obra pública ni la atención gubernamental.
La verdadera prueba no estará en los anuncios, sino en abrir una llave y encontrar agua; salir de casa y encontrar una calle transitable; vivir en una entidad donde el presupuesto se traduzca en servicios. Si eso todavía no ocurre para todos, entonces el trabajo, por mucho que se presuma, sigue incompleto. Y esa es la realidad que no admite discursos, particularmente en vísperas de elecciones locales.
Martha González Aguilera