Francisco Vázquez, líder de Morena en el Congreso del Estado de México y presidente de Jucopo, dijo que hablará con los legisladores que reparten despensas en el Valle de México. Pero enseguida los exoneró. No hay delito, sostuvo, porque no pidieron el voto.
Lo dice con una naturalidad quirúrgica. La declaración intenta blindar a Román Cortés Lugo, exhibido en Atizapán de Zaragoza repartiendo apoyos. Sin embargo, no es un caso aislado. La verdad es que sobran ejemplos. Morenistas en campaña permanente desde hace meses. Algunos antes de cumplir el primer año de los gobiernos municipales. Otros operando desde el propio gobierno estatal. Todos con la misma lógica.
Y es que la norma electoral es clara. El artículo 134 constitucional prohíbe promoción personalizada. La entrega de dádivas condiciona. Pero el presidente de la Jucopo reduce todo a si se dijo “vota por mí”. Como si la gente no entendiera el mensaje. Una despensa lleva implícito un logo, un color, un rostro. No necesita discurso.
Además, la jugada es vieja y rentable. El partido fuerte reparte, paga multa si lo cachan y sigue. Al fin puede hacerlo. Puede pagar, puede responder que no pasa nada. El Tribunal sanciona con montos que se vuelven irrisorios frente al beneficio territorial. En el Valle de México —Atizapán, Tlalnepantla, Naucalpan, Ecatepec— la maquinaria aceita clientelas. Mil despensas valen más que cien espectaculares.
Lo cierto es que hay denuncias acumuladas. Redes sociales llenas de videos, lonas con nombres, eventos con estructura oficial. Morena no es el único, pero hoy es el que manda. Y cuando se manda, la tentación es arrebatar.
Vázquez, como coordinador, debería garantizar piso parejo. No de abogado defensor. Su papel no es minimizar, es corregir. Decir “hablaremos con ellos” mientras afirma que no violaron nada, es cosa de broma. Es decirle al árbitro que la falta no existió porque el jugador no gritó gol.
El fondo es brutal. A la larga, los partidos solo atienden una regla: si no gano, arrebato. La ley se vuelve trámite, la ética estorbo. Y el ciudadano, receptor de una despensa de 300 pesos, termina pagando con tres años de mal gobierno.
Si todo se vale antes de la elección, nada valdrá después. Vázquez confunde hablar con encubrir. Además, olvida que la elección de 2027 ya empezó en territorio. La ventaja no se construye con propuestas, sino con costales de arroz y aceite. Y es que cuando el poder dice “no pasa nada”, está avisando que pasará todo. La fiscalización no necesita un video pidiendo el voto, necesita voluntad. Esa voluntad está secuestrada por la bancada mayoritaria, como siempre, pero hoy de otro color. Si no hay sanción ejemplar, la despensa seguirá siendo la boleta anticipada del Edomex. Y así no hay democracia que resista ni ciudadanía que crea. La ley sin castigo es solo consejo.
Martha González Aguilera