La creatividad, el sabor y las tradiciones del campo se convirtieron en los principales atractivos de la Feria del Elote de Cocotitlán, donde el ingenio de productores, artesanos y comerciantes sorprende a los visitantes que llegan para disfrutar de una de las celebraciones gastronómicas más representativas de la región.
Uno de los atractivos es la inversión el “elote gigante”, que se ha convertido en el escenario obligado para quienes buscan llevarse un recuerdo de su visita al ageroa del elote. Familias, jóvenes y turistas hacen fila para tomarse fotografías junto a esta figura, muestra de la imaginación de los habitantes y de la manera en que una tradición agrícola puede transformarse en un atractivo turístico.
Pero la creatividad no termina ahí. Artesanos elaboran pequeñas figuras en forma de elote que reproducen una de las preparaciones más populares, el tradicional elote con mayonesa, queso y chile piquín. Estas piezas, colocadas como adornos para el cabello mediante pequeños broches, llaman la atención de los visitantes y, principalmente entre las mujeres, que adornan su pelo con este artículo y se convierten en un peculiar recuerdo de la feria.
El recorrido por la avenida Salto del Agua también forma parte de la experiencia. A lo largo de esta vialidad, productores del campo ofrecen sus cosechas en carretillas, canastas y costales, mientras algunos llegan prácticamente de la parcela para vender directamente al consumidor. Frases ingeniosas como “No huyas, me enloteces” forman parte del ambiente festivo y refuerzan la identidad de esta celebración.
La Feria del Elote se realiza durante los fines de semana en la explanada municipal y ha logrado atraer visitantes de distintos puntos de la región y de la Ciudad de México, particularmente de las alcaldías Tláhuac, Milpa Alta e Iztapalapa, además de personas provenientes de otras entidades.
El principal protagonista es el elote criollo, producto que los campesinos de Cocotitlán buscan preservar como parte de su identidad agrícola y gastronómica. Su producción de temporada representa no solamente una fuente de ingresos para las familias del campo, sino también una tradición que se mantiene de generación en generación.
Entre los atractivos para los consumidores destaca el precio y la posibilidad de adquirir el producto directamente de los productores. Durante la feria, una docena de elotes criollos puede alcanzar precios de entre 120 y 150 pesos, mientras que el producto híbrido puede encontrarse alrededor de los 50 pesos por docena.
Más allá del costo, los visitantes llegan atraídos por el sabor y la tradición de un producto que, para los habitantes de Cocotitlán, representa mucho más que un alimento es parte de su identidad y de la riqueza gastronómica del municipio.
Así, entre el aroma del elote recién preparado, los puestos de comida, las artesanías y las fotografías junto al gigante de maíz, Cocotitlán convierte durante estos fines de semana su tradición agrícola en una experiencia turística que acerca al visitante directamente con el campo y con las familias que mantienen viva esta costumbre.
María Isabel Sánchez López