“Cuando, tras un decreto de los poderes supremos, el poeta es traído a este mundo tedioso, su madre, aterrorizada y llena de blasfemias, alza su puño hacia Dios, quien se compadece de ella…”, escribió Charles Baudelaire en Bendición, fragmento del poema citado durante la conversación con Óscar Tanat, vocalista y productor de La bande-son imaginaire, proyecto musical y escénico originario de Oaxaca que ha construido una propuesta donde convergen música, teatro, literatura, poesía, video y performance; todo eso en forma de un bello ritual.
La banda
Aunque el proyecto surgió formalmente en 2014, sus integrantes comenzaron años antes apreciando el mundo del arte y descubriendo la escena oscura mexicana. Su formación en el Centro de Educación Artística (CEDART) de Oaxaca fue determinante.
“Desde la infancia nos gustaba hacer música en casa, composiciones vocales, cosas de teatro y puestas en escena. En el CEDART encontramos la posibilidad de aprender distintas artes y eso nos dio la perspectiva de un arte integral, de un arte total”, explica Tanat.
El contacto con la escena gótica les permitió descubrir una contracultura en la que convergían poetas, escritores, músicos, bailarines y artistas escénicos. A partir de ahí comenzaron a experimentar con el dark cabaret y entendieron que música y escena podían complementarse. Una canción podía conducir a una actuación, un video o una nueva parte teatral.
Con el tiempo, la autogestión se convirtió en uno de los motores del proyecto. Para La bande-son imaginaire, el concierto no es solamente un espectáculo, sino un ritual y una ceremonia catártica en la que el público se convierte en un elemento fundamental. “El espectador es el cuarto personaje de un concierto”, señala Tanat.
Obra visual
Esa concepción también está presente en sus videos, donde buscan registrar la participación del público como parte de la obra. En su imaginario aparecen además los Chez toi, figuras con máscaras y túnicas blancas que representan una especie de alter ego de sus propios alter egos.
La intención, explica Tanat, es crear piezas cinematográficas: “La banda sonora es la música de una película, y el cine es un arte total que engloba literatura, fotografía, actuación y música”.
Su propuesta también parte de una identidad mexicana entendida desde la mezcla y no desde los estereotipos. En Macabre, por ejemplo, combinan la influencia de Baudelaire con Macario, película icónica del cine mexicano, imaginando un encuentro entre el poeta francés y la muerte, incluso, incorporando elementos electrónicos. “Es llevar al límite las combinaciones y las posibilidades de nuestro propio punto de vista de la cultura global desde nuestra raíz”, concluye Óscar Tanat.
La banda evita, además, apropiarse de elementos culturales que no les pertenecen. Su trabajo ha trascendido las fronteras de México. Han sido invitados al Wave Gotik Treffen del 2026, uno de los festivales góticos más importantes del mundo, en Alemania, además de presentarse en distintos escenarios europeos. Su propuesta experimental ha encontrado respuesta en países como Francia y Holanda, donde el público descubre una visión de México alejada de los lugares comunes.
Próximos rituales
La banda prepara su presentación en el Pepsi Center de la CDMX el próximo 10 de septiembre; asimismo, Tecate Comuna, 28 de noviembre Foro Cholula, Puebla, junto a otras bandas.
La bande-son imaginaire “más que un proyecto musical es una rareza poética y sus conciertos; el ritual, experiencia donde la música, imagen y público son el sello de su obra visual.
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Marco Polo Hernández

