La gratuidad en la Universidad Autónoma del Estado de México volvió al centro del debate. Dice Francisco Vázquez que hay que analizar y discutir el tema, porque primero resulta indispensable definir con mayor precisión el verdadero alcance de esa gratuidad. La afirmación parece sensata, pero también enciende focos amarillos. Y es que ésta es una historia larga y compleja, una de esas que suelen desembocar en crisis cuando las promesas políticas rebasan la capacidad financiera.
Desde la rectoría anterior de la UAEMéx ya se hablaba de un plan gradual para disminuir el costo de las cuotas hasta llegar a la gratuidad, pero con equilibrio en las finanzas universitarias. Después llegó la crisis institucional y, en medio de las negociaciones con los paristas enardecidos, el tema quedó incorporado dentro del paquete de compromisos.
Más tarde, durante las presiones para la entrega de la universidad, la exigencia volvió con fuerza. Al final, desde el Gobierno del Estado hubo humo blanco y la señal de que se “haría el esfuerzo”. La pregunta sigue intacta: ¿con qué recursos?
Los números no admiten discursos. La UAEMéx atiende a 98 mil 331 estudiantes entre nivel medio superior y superior, mientras que el subsidio público autorizado para 2026 supera los 5 mil 84 millones de pesos, financiado casi en partes iguales por la Federación y el Estado. El subsidio promedio ronda los 55 mil 500 pesos por alumno. Son cifras importantes, pero también revelan el enorme tamaño del compromiso financiero que implica cualquier esquema de gratuidad universal.
La verdad es que la educación gratuita no puede convertirse en una consigna sin respaldo presupuestal. Si desaparecen ingresos propios sin un mecanismo permanente de compensación, la factura termina en laboratorios sin mantenimiento, infraestructura deteriorada, menos investigación o servicios académicos debilitados. Eso ya ocurrió en otras universidades públicas que prometieron más de lo que podían sostener.
Habrá que ver a qué se refiere exactamente el presidente de la Junta de Coordinación Política cuando habla de revisar el alcance de la gratuidad. Ojalá exista una ruta financiera seria y verificable. Porque si el dinero alcanza, la universidad dará un paso histórico. Pero si la promesa vuelve a construirse sobre expectativas y no sobre presupuesto, entonces la comunidad universitaria tendrá fiesta para rato, aunque nadie termine celebrando.
Martha González Aguilera